La pintura gouache, también conocida como pintura opaca, tiene su propio lugar en la historia del arte. Surgió en la Edad Media y se popularizó en el Renacimiento, aunque su uso ha continuado y evolucionado hasta el día de hoy.

A diferencia de las pinturas al óleo y acrílicas, la gouache está compuesta por pigmentos mezclados con goma arábiga o aglutinante similar, lo que le da una textura opaca y densa. Esto permite una cobertura intensa y uniforme en la superficie. Originalmente, se utilizaba en manuscritos iluminados y posteriormente en la pintura de carteles y diseños.

La pintura gouache fue particularmente apreciada por artistas del Art Nouveau y la Ilustración, debido a su capacidad para crear colores vibrantes y saturados. A pesar de que es menos común en comparación con otras técnicas, la gouache sigue siendo valorada por su capacidad para lograr detalles finos y efectos opacos.

En la actualidad, la pintura gouache ha experimentado un resurgimiento en la comunidad artística. Su versatilidad permite una amplia gama de técnicas, desde la aplicación en capas hasta la técnica de “veladura” para lograr efectos sutiles de color. Aunque no es tan popular como otras técnicas, la gouache sigue siendo un medio apreciado por su capacidad para crear obras de arte únicas y expresivas.